¡Lo nuevo!

¡Recuerda seguirnos en nuestras redes!

martes, 27 de octubre de 2015

Las palabras que hieren.






Casi todos, a lo largo de nuestra vida, hemos recibido por parte de alguien, una palabra que nos ha llegado a ofender, como tambi茅n en alguna ocasi贸n, hemos pronunciado alguna frase que ha podido herir los sentimientos de aquel que nos escucha. Estos casos se nos dan con mucha frecuencia, pero siempre alegamos tener unas razones poderosas para ello, y puede que no nos falte la raz贸n.


Pero, por encima de esa raz贸n que creemos tener, hay un deber moral de comportamiento que nos ha ense帽ado a ser pac铆ficos, a controlar nuestras palabras, a demostrar nuestra educaci贸n, y sobre todo, escuchar los consejos con los que Dios nos fue alentando, que siempre fueron sabios y buenos, antes que albergar en nuestro interior ese hervidero de pasiones incontroladas, que casi todos, en mayor o menor grado, llevamos.

Cuentan que en una ocasi贸n, durante la vida de Jes煤s, le presentaron a una mujer a la que hab铆an sorprendido cometiendo adulterio. Este acto era condenado por la sociedad de aquel tiempo con la pena de muerte por lapidaci贸n, o sea, a pedradas. A Jes煤s, que predicaba la no violencia, le pusieron en un gran aprieto. Y el Maestro, infalible, midi贸 sus palabras, alz贸 la cabeza y con gesto firme, dijo:

“El que est茅 libre de pecado, que arroje la primera piedra”.

Aquella mujer esperaba, de aquella turba de gente, que pronto la liquidar铆an. Pero cu谩l no fue su sorpresa, al levantar sus ojos del suelo. Todos los que la condenaron hab铆an huido. A aquellos le hicieron reconocer sus propios pecados, y nadie se atrevi贸 a tirar la primera piedra.

Es bueno que nos hagan reconocer nuestras propias debilidades. Est谩 comprobado que la Humanidad es v铆ctima de sus propios errores; es una cadena que se enlaza entre s铆. T煤 me ofendes, yo te ofendo, y as铆 unos y otros somos iguales. Nacen los odios y las rencillas, y ese gusano del mal campea en los corazones, que a la larga, todos llega y todo pasa. S贸lo nos queda el remordimiento de lo que hicimos, o la satisfacci贸n de la palabra que no llegamos a pronunciar.

Es de admirar la gente que va por la vida, cuando su comportamiento es noble, sencillo y comprensivo con los dem谩s, cuando se pone en el lugar de aquel, para comprender sus razones, cuando sabe perdonar sus fallos, y le hace reconocer su error, d谩ndole ejemplo de buenos modales, que siempre convencen m谩s que una palabra que ofende.

Pero para llegar a este grado de evoluci贸n, hay que luchar consigo mismo, y elevar nuestro pensamiento de este suelo, donde la maldad todo lo contamina y embrutece.

S贸lo encontraremos Paz en nuestra alma y tranquilidad en nuestro coraz贸n, cuando logremos controlar nuestra mente y elevemos nuestro pensamiento a las alturas, confiando plenamente en Dios, observando con desprecio las miserias de este mundo, donde todo tiene un final. S贸lo podremos llevarnos de aqu铆, todo lo bueno que pudimos hacer en beneficio de otros. S贸lo eso servir谩 para abrirnos la puerta hacia una vida mejor.

Fuente: Leonor Banderas

0 comentarios: